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DE SAN JAVIER DEL VALLE A SAN IGNACIO DEL MASPARRO
Cartas del Masparro,1987 Carmelo Vilda, S.J.
José María Vélaz se instala en el Masparro en 1984 a lo "caballero andante". Llega a hombros de un "jeep" que se hubiera podido llamar Rocinante. Fue la quijotada postrera, tal vez, compensación de la que le impidieron realizar mucho antes en Santa Bárbara de Barinas. ¿No había sido y tildado toda su vida, de iluso, utópico y megalómano? Que en paraje solitario y húmedo de los Andes fundara un taller donde un puñado de muchachos campesinos construían violines no dejaba de ser también "quijotada", como los pececitos que Aureliano Buendía doraba en Macondo. Un jalón más del temperamento de José María, quien en la contemplación absorta del bosque de fresnos y pinos plantado por él anticipaba ya la madera para el retablo mayor o los bancos del futuro santuario, la hospedería anexa, las arpas o violines y la renta maderera...
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Es preciso antes de hablar de Alberto, hablar un poco de lo que es el CEL, pues no llegaríamos a comprender lo que él amó, sin conocerlo un poco. El CEL (Centro Excursionista Loyola), pretende formar ciudadanos convencidos de su misión como católicos y como ciudadanos... Busca fortalecer el cuerpo, mente y espíritu de los muchachos; hacerlos hombres de iniciativa y amplitud de miras... La educación del carácter, el desarrollo de un cuerpo sano y vigoroso... Hacerles útiles para ayudar a los demás a acercarlos más a Dios, fuente de todo bien… Trata de que el "Celista" sea un Hombre de carácter, un ciudadano útil y un cristiano convencido...
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